Trauma
¿Qué entendemos por Trauma?
El trauma no es solo un recuerdo doloroso. Es una respuesta del cuerpo y del sistema nervioso ante experiencias en las que nuestra integridad se vio amenazada — física, sexual o psicoemocional — y en las que nos sentimos abrumadas, vulnerables o sin control.
Cuando eso ocurre, el cuerpo no olvida. Lo registra, lo guarda y lo expresa de maneras que a veces no sabemos descifrar.
El trauma ocurre en contexto
La mayoría de las experiencias traumáticas ocurren en el marco de las relaciones y de la vida social. El trauma puede ser consecuencia de violencias relacionadas con características que nos sitúan fuera de la norma: etnia, identidad de género, orientación o expresión sexual, clase socioeconómica, religión, espiritualidad, estatus migratorio, aspecto físico o neurodiversidad.
También puede surgir de ser testigo de un evento difícil, especialmente cuando no contamos con el espacio ni el acompañamiento emocional para procesarlo. Incluso el hecho de minimizar lo que vivimos — o de silenciarnos — puede ser, en sí mismo, una forma de revictimización.
Y aunque menos frecuente, el trauma también puede originarse fuera de las interacciones humanas: en desastres naturales o en accidentes. El principio es el mismo: algo ocurrió para lo que no contábamos con los recursos emocionales ni con el acompañamiento necesario para atravesarlo.
No toda experiencia difícil genera trauma
Es importante reconocer que cada persona procesa las situaciones de manera distinta según su historia, su contexto y sus recursos. No todos los eventos que nos alteran profundamente dejan trauma — y eso también es válido.
Las experiencias traumáticas pueden tener dos tipos de orígenes:
TRAUMA POR ACCIÓN
Accidentes, desastres naturales
Asalto
Abuso sexual, físico y emocional
Bullying; crítica directa, humillación, castigo, ridículo
Tortura; genocidio; trauma de combate
Trauma médico
Pérdidas traumáticas
Diversas formas de opresión; racismo, sexismo
TRAUMA POR OMISIÓN
Descuidado y privación
Cuidadores no disponibles; deprimides, adictes, traumatizades, asustades y abrumades
Pobreza, prejuicios y alienación/exclusión
Falta de coherencia, seguridad y/o protección
Experiencias de profunda y completa soledad
POSIBLES SÍNTOMAS
Ansiedad
Depresión
Estrés crónico
Problemas para dormir
Problemas digestivos
Dolor crónico
Enfermedades autoinmunes
Cansancio crónico
Baja autoestima
Adicciones
Hipersensibilidad
Disociación (falta de conexión entre el cuerpo y la mente)
Agobio
Vivir con miedo
Pensamientos de impotencia
Incapacidad para confiar en los demás
Fibromialgia o dolor muscular generalizado
TIPOS DE TRAUMA
Trastorno de Estrés Post Traumático Complejo
Trauma del desarrollo
Trauma Complejo
Trauma Inter-generacional
Trauma Vicario
Trauma Racial
Trauma Histórico
Trauma Cultural
¿Por qué trabajar el trauma desde el cuerpo?
El trauma se vive a través de sensaciones físicas.
El trauma, más allá del acontecimiento que lo originó, deja una huella profunda que condiciona la vida de quienes lo han vivido. Afecta la fisiología de manera crónica, transforma la visión del mundo, las reacciones y la forma de relacionarse con los demás. Como mecanismo de defensa, muchas personas que han vivido un trauma aprenden a desconectarse de su propio cuerpo y de sus sensaciones — porque esa desconexión, en su momento, fue la única forma de sobrevivir.
El cuerpo como brújula: la interocepción
Nuestro cuerpo sabe. Nos dice qué es seguro y qué es peligroso, qué nos hace bien y qué nos daña, qué produce dolor y qué es fuente de placer. Ese sistema interno de orientación tiene un nombre: interocepción.
La interocepción es la capacidad de percibir de manera consciente lo que necesitamos a partir de nuestras sensaciones viscerales y de nuestros estados afectivos. Responde a los estímulos provenientes del interior del cuerpo y nos permite tomar decisiones basadas en lo que sentimos. Es la base de la autoconciencia y de la identidad: la capacidad de confiar en que el propio cuerpo puede guiarnos.
Cuando el trauma interrumpe esa conexión
El trauma altera la interocepción. El sistema nervioso puede quedar atrapado en un estado de hiperalerta permanente, volviéndose hipersensible a las sensaciones para anticipar cualquier amenaza. O hipersensible a los cambios emocionales, a las actitudes y a los comportamientos de quienes nos rodean. O, en el extremo opuesto, puede desconectarse de los propios deseos y necesidades — porque no sentir se vuelve más manejable que sentir demasiado.
En todos los casos, el cuerpo se adapta para sobrevivir. Pero esa adaptación tiene un costo.
El camino de regreso
El doctor Bessel van der Kolk confirma que las personas que han vivido trauma no pueden recuperarse hasta que se familiarizan y aceptan las sensaciones de su cuerpo: "No nos conocemos totalmente a nosotres mismes mientras no podamos sentir e interpretar nuestras sensaciones físicas; necesitamos registrarlas y actuar sobre la base de ellas para navegar de forma segura en la vida."
Reconectar con el cuerpo no es un proceso inmediato ni lineal. Pero es posible. Y es el punto de partida de toda sanación.
Muchas personas traumatizadas no son conscientes de ello. El trauma original bloquea una parte de ellas. Por eso, muchas personas traumatizadas dicen: “No tuvo importancia; esto no tuvo ningún impacto en mí…” Intentan negar la forma en que les ha afectado, pero esos efectos se manifiestan en las relaciones y en cómo se relacionan con los demás.
Bessel van der Kolk
Las prácticas están comprometidas a abogar por centrarse en las experiencias de la persona sobreviviente de trauma.
"Después del trauma, el mundo se experimenta con un sistema nervioso diferente. Esto explica por qué es fundamental que el tratamiento del trauma involucre todo el organismo: cuerpo, mente y cerebro."
— Bessel Van Der Kolk
